Pierde un décimo, compra el mismo número y gana 125.000 euros

Raúl González ayer junto a su hijo Raúl y su mujer Cristina en el estanco de Alburquerque que vendió el billete de su hermano. :: C. Moreno/
Raúl González ayer junto a su hijo Raúl y su mujer Cristina en el estanco de Alburquerque que vendió el billete de su hermano. :: C. Moreno

Un militar y cortador de jamón de Badajoz se trajo de Santander este verano catorce boletos del 51244 que repartió entre amigos y sus dos hermanos

J. LÓPEZ-LAGO ALBURQUERQUE.

Raúl González León, 36 años, padre de dos hijos, de Alburquerque aunque residente en Badajoz, es militar y cortador de jamón. Nunca había ido a un Real Madrid-Barça, pero a su hijo de 16 años se le ocurrió ayer esta idea y hoy sábado es muy posible que estén sentados en una grada del Santiago Bernabéu. La decisión la tomaron a menos de 24 horas de este clásico. Es lo que tiene verse de repente con 125.000 euros, que puedes cambiar de planes de un día para otro.

Raúl no ha sido el único agraciado en su familia por el Sorteo de Lotería de Navidad. Tiene dos hermanos mayores con el mismo oficio a los que le ha rebotado la fortuna, si bien fue él quien hizo saltar la chispa de la suerte cuando en el mes de julio viajó a la Semana Grande de Santander. De allí se trajo 14 décimos con el 51244, el segundo premio del sorteo de ayer, el cual ha regalado 125.000 euros a cada uno de sus portadores, en total 1,75 millones que han quedado repartidos por la región. Todos los agraciados son extremeños, la mayoría de ellos militares de la Base General Menacho, que es donde Raúl trabaja hace catorce años. Por supuesto, sus hermanos, Vicente, de 50 años, y Jesús, de 51, también tenían billete, aunque uno de ellos de milagro.

La historia tiene su punto de emoción y empieza el verano pasado en el norte. «El dueño del restaurante de Santander que me contrató me recomendó que me llevara algún décimo del número que siempre jugaban ellos porque solía dar alguna pedrea todos los años. Al final compré tres décimos para mí y mis dos hermanos, pero llamé a amigos con los que intercambio décimos por si iban a querer también y terminé comprando catorce».

No lo recuerda con exactitud, pero cree que a compañeros suyos del cuartel fueron a parar tres o cuatro. Varios décimos del 51244 se los vendió a amigos y otros tres se los quedó su amigo del bar 'Cá Martí', en la barriada de Valdepasillas de Badajoz, que según contaba ayer Raúl solo se quedó con uno y repartió los otros dos. Lógicamente este fue el lugar de celebración ayer por la mañana.

«Lo miré cinco veces»

«Yo me enteré estando en el cuartel escuchando la radio. Estábamos muy pocos en ese momento y tenía la foto que hice la noche antes con los cinco décimos que jugaba, cada uno de un sitio porque cuando viajo suelo comprar. Los había de Huelva, Vigo, Sant Boí..., y escuché el número en la radio. Ese número tenía algo especial porque una compañera del cuartel tenía como fijación con él. Miré la foto en el móvil cinco veces antes de llamar a nadie».

Al primero que telefoneó fue a su hermano Vicente. Había una razón de peso y es que recordó que cuando le entregó el décimo traído de Santander en verano este lo perdió, cree que porque lo lavó un pantalón con el billete en el bolsillo y este se rompió. «Lo primero que iba a decirle era que se buscara la vida para que apareciera aquel billete, pero me dijo que al día siguiente de que le pasara aquello lo compró a través de una máquina. Entonces recordé que me había llamado para preguntarme qué número era el que yo le había traído de Santander».

Aquella ventanilla, sobre la que ayer había un revuelo de curiosos inusual, era la del estanco de los hermanos Rubio, en la céntrica calle San Mateo de Alburquerque. Que se despachara allí un solitario 51244 fue la razón por la que los programas informáticos hicieron saltar ayer tres minutos antes de las diez que parte del segundo premio se había vendido en Extremadura. Técnicamente resultó ser el décimo adquirido por Vicente para enmendar su despiste, pero en realidad había catorce.

Vicente es el único de la familia que vive en Alburquerque y según su hermano la tarde de ayer prefirió pasarla aislado sin cobertura en su parcela. «Es que esto te deja un poco en estado de shock. Todavía no tengo ni idea en qué gastaremos el dinero», confesaba tras la celebración en el bar de su amigo.

Jesús, su otro hermano, el cual también vive en Badajoz, recibió ayer la noticia en Lyon (Francia), donde se encontraba trabajando como cortador de jamón oficial de la denominación de origen Dehesa de Extremadura. Enseguida sacó el cuchillo y solo él sabe si esta vez le temblaba el pulso. El caso es que no tardó en mandar una foto a sus allegados con el 51244 recortado en finas lonchas ibéricas.

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